La cultura hoy dominante, relativista y antimetafísica, plantea como un reto la tarea de educar. Los educadores han de responder a ese desafío, intentando anclar en la realidad a quienes pretenden formar: proponiendo una respuesta a sus anhelos irrefrenables de verdad y de bondad. La familia constituye el principal y primer ámbito educativo porque en ella tiene lugar el encuentro interpersonal que permite descubrir a quienes llegan a este mundo una Presencia que lo dota de significado y de valor.

