Los diversos debates contemporáneos pueden reducirse a un par de posturas fundamentales, derivadas de dos concepciones del hombre opuestas entre sí: o bien el hombre es un elemento más de la naturaleza corpórea, aunque en distinto grado de evolución; o bien se eleva por encima de todo lo simplemente material, con una diferencia sustantiva, que lo coloca en una posición radicalmente distinta y más alta. Esa diferencia es la que señala el término persona. El artículo analiza el origen metafísico y constitutivo de la superioridad de la persona, así como los caminos principales para advertir esa grandeza. Todo ello, a partir de hechos que cada uno podemos experimentar en nosotros mismos y en quienes nos rodean.

